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¿Quién merece la electricidad: datos o casas?

¿Quién merece la electricidad: datos o casas?

Opinión de la redacción de Diario Ladrillo. Los hechos citados proceden de nuestras noticias; la valoración es nuestra y puedes discrepar.

Aquí hay un dato que debería hacernos pensar: los centros de datos han conseguido acceso a 6.328 megavatios de la red eléctrica española, el 34,2% del total concedido por Red Eléctrica. Ninguno está operativo. Ni uno. Mientras tanto, la vivienda nueva no llega y la industria tradicional espera su turno. La pregunta es incómoda: ¿estamos dando prioridad a servidores sobre personas?

El desfase es llamativo. De los 18,52 GW otorgados en la red de transporte, 11,05 GW pertenecen a instalaciones que aún no funcionan. Los data centers encabezan esa bolsa de demanda dormida. Es decir: hemos reservado un tercio de la capacidad eléctrica del país para proyectos que existen solo sobre el papel, mientras el déficit de vivienda sigue sin resolver y las promotoras pelean por cada conexión.

Los centros de datos son el futuro y hay que prepararse ya

La digitalización no es una moda. La inteligencia artificial, el cloud computing y la economía de datos van a necesitar infraestructura física, y España tiene ventajas competitivas reales: clima, suelo disponible, conexión con cables submarinos y precios de energía renovable atractivos. Si no reservamos capacidad ahora, otros países lo harán y perderemos la ola de inversión.

Además, estos proyectos generan empleo cualificado, actividad económica en zonas despobladas y una base fiscal nueva. La demanda eléctrica concedida no es un capricho: es una apuesta estratégica por posicionar al país en la cadena de valor tecnológica. Que aún no estén operativos no significa que no vayan a estarlo. Los plazos de construcción de un data center son largos, y la conexión eléctrica es el primer paso, no el último.

La electricidad es un recurso escaso y la vivienda debería ir primero

Pero aquí está el otro lado: la red eléctrica no es infinita. Cada megavatio concedido a un centro de datos es un megavatio que no va a una promoción de vivienda, a una fábrica o a un hospital. Y en un país con un déficit estructural de vivienda que hasta Fitch reconoce que no se resolverá con los decretos actuales, asignar un tercio de la capacidad a proyectos especulativos parece, como mínimo, cuestionable.

El problema no es solo de prioridades, sino de transparencia. ¿Cuántos de esos 6.328 MW terminarán en centros reales y cuántos son reservas especulativas para revender después? El sistema actual permite acaparar capacidad sin compromiso firme de ejecución. Mientras tanto, promotoras como las que agrupa Asprima denuncian que 700 viviendas de alquiler asequible están congeladas en Madrid por inseguridad regulatoria. La paradoja es difícil de ignorar: electricidad para servidores que no existen, viviendas que no se construyen.

Y tú, ¿qué piensas?

En Diario Ladrillo creemos que lo que está en juego es más profundo que un reparto técnico de megavatios. Es una decisión sobre qué modelo de país queremos: uno que prioriza la infraestructura digital del futuro o uno que primero resuelve las necesidades básicas del presente. No son necesariamente excluyentes, pero el sistema actual de concesión no garantiza que ambas cosas avancen al mismo ritmo.

La pregunta concreta que dejamos sobre la mesa: ¿debería haber criterios de prioridad social en el acceso a la red eléctrica, o el mercado debe decidir quién se conecta primero? Cuéntanoslo compartiendo esta pieza en LinkedIn o escribiéndonos desde nuestra página de contacto. Nos interesa saber cómo lo veis desde fondos, promotoras y operadores.

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